Roma y el Pacto de Sangre. Nietzsche.

Sabiduría Hiperbórea.
Romahiperbórea
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Roma y el Pacto de Sangre. Nietzsche.

Mensaje por Romahiperbórea » 01 Dic 2017 02:26

¡Saludos!

Por un camarada y para todos los camaradas.
Pacto de Sangre, Pacto Cultural.

Publico un resumen de una obra del genial Nietzsche: Genealogía de la Moral, en esa narrativa se revela esa verdad de la guerra que libran los pueblos del Pacto Cultural contra las razas guerreras del Pacto de Sangre, en este texto, Roma Imperial representa al Pacto de Sangre y Jueda Pacto Cultural, y así lo expresaba Nietzsche en su obra mencionada, si mas, dejo a los camaradas que comprenden la verdadera historia que brillantemente se narra en el Misterio de Belicena Villca y que Nietzsche en esa historia se encarga de profundizar en forma increíble, sin mas, dejo el final para el lector, los que comprenden sentirán en sus sangres el éxtasis rúnico proveniente del Signo del Origen, mas aun cuando ese signo es visible por la pluma y la palabra del eterno camarada: Friedrich Nietzsche.

Concluyamos. Los dos valores contrapuestos ´bueno y malo, ´bueno y malvado, han sostenido en la tierra una lucha terrible, que ha durado milenios; y aunque es muy cierto que el segundo valor hace mucho tiempo que ha prevalecido, no faltan, sin embargo, tampoco ahora lugares en los que se continúa librando esa lucha, no decidida aun. Incluso podría decirse que entre tanto la lucha ha sido llevada cada vez más hacia arriba y que, precisamente por ello, se ha vuelto cada vez más profunda, cada vez más espiritual: de modo que hoy quizá· no exista indicio ms decisivo de la «naturaleza superior», de una naturaleza más espiritual, que estar escindido en aquel sentido y que ser realmente todavía un lugar de batalla de aquellas antítesis. El símbolo de esa lucha, escrito en caracteres que han permanecido hasta ahora legibles a lo largo de la historia entera de la humanidad, dice ´Roma contra Judea, Judea contra Roma: no hasta ahora no ha habido acontecimiento más grande que esta lucha, que este planteamiento del problema, que esta contradicción de enemigos mortales.
Roma veía en el judío algo así como la anti naturaleza misma, como su monstrum [monstruo] antipudico, si cabe la expresión; en Roma se consideraba al judío «convicto de odio contra todo el género humano con razón, en la medida en que hay derecho a vincular la salvación y el futuro del género humano al dominio incondicional de los valores aristocráticos, de los valores romanos. Qué es lo que los judíos sentían, en cambio, contra Roma? Se lo adivina por mil indicios; pero basta con traer una vez más a la memoria el Apocalipsis de Juan, la más salvaje de todas las invectivas escritas que la venganza tiene sobre su conciencia. (Por otro lado, no se infravalore la profunda consecuencia lógica del instinto cristiano al escribir cabalmente sobre este libro del odio el nombre del discípulo del amor, del mismo a quien atribuye aquel Evangelio enamorado y entusiasta no: aquí se esconde un poco de verdad, por muy grande que haya sido también la falsificación literaria precisa para lograr esa finalidad.) Los romanos eran, en efecto, los fuertes y los nobles; en tal grado lo eran que hasta ahora no ha habido en la tierra hombres más fuertes ni más nobles, y ni siquiera se los ha osado nunca; toda reliquia de ellos, toda inscripción suya produce Éxtasis, presuponiendo que se adivine qué es lo que allí escribe. Los judíos eran, en cambio, el pueblo sacerdotal del resentimiento por excelente, en el que habitaba una genialidad popular moral sin igual: basta comparar los pueblos de cualidades análogas, por ejemplo, los chinos o los alemanes, con los judíos, para comprender qué es de primer rango y qué es de quinto.
¿Quién de ellos ha vencido entre tanto, Roma o Judea? No hay, desde luego, la más mínima duda: considérese ante quien se inclinan hoy los hombres, en la misma Roma, como ante la síntesis de todos los valores supremos, no y no suelo en Roma, sino casi en media tierra, en todos los lugares en que el hombre se ha vuelto manso o quiere volverse manso, no ante tres judíos, como es sabido, y una judía (ante Jesús de Nazaret, el pescador Pedro, el tejedor de alfombras Pablo, y la madre del mencionado Jesús, de nombre María). Esto es muy digno de atención: Roma ha sucumbido, sin ninguna duda. De todos modos, hubo en el Renacimiento una espléndida e inquietante resurrección del ideal clásico, de la manera noble de valorar todas las cosas: Roma misma se movió, como un muerto aparente que abre los ojos, bajo la presión de la nueva Roma, la Roma judaizada, construida sobre ella, la cual ofrecía el aspecto de una sinagoga ecuménica y se llamaba ´Iglesia; pero en seguida volvió a triunfar Judea, gracias a aquel movimiento radicalmente plebeyo (alemán e inglés) de resentimiento al que se da el nombre de Reforma protestante, añadiendo lo que de Él tenía que seguirse, el restablecimiento de la Iglesia, no el restablecimiento también de la vieja quietud sepulcral de la Roma clásico.
En un sentido más decisivo incluso y más profundo que en la Reforma protestante, Judea volvió a vencer otra vez sobre el ideal clásico con la Revolución francesa: la ˙ultima nobleza política que había en Europa, la de los siglos XVII y XVIII franceses, sucumbió bajo los instintos populares del resentimiento no James se escucha en la tierra un júbilo más grande, un entusiasmo más clamoroso! Es cierto que en medio de todo ello ocurrió lo más tremendo, lo más inesperado: el ideal antiguo mismo apareció en carne y hueso, y con un esplendor inaudito, ante los ojos y la conciencia de la humanidad, no y una vez más, frente a la vieja y mendaz consigna del resentimiento que habla del primado de los más, frente a la voluntad de descenso, de rebajamiento, de nivelación, de hundimiento y crepúsculo del hombre, resonó más fuerte, más simple, más penetrante que nunca la terrible y fascinante anti no consigna del primado de los menos! Como una ˙ultima indicación del otro camino apareció Napoleón, el hombre más singular y más tardíamente nacido que haya existido nunca, y en Él, encarnado en Él, el problema del ideal noble en sí reflexiónese bien en qué problema es Éste: Napoleón, esa síntesis de inhumanidad y superhombre.

La admiración de Nietzsche por Napoleón se halla atestiguada en muchos pasajes de sus obras. Así, por ejemplo, en Más allá del bien y del mal, dice que ´la historia de la influencia de Napoleón es casi la historia de la felicidad superior alcanzada por todo este siglo [XIX] en sus hombres y en sus instantes más valiosos. Véase asimismo Ecce Homo.
Viryas de Argentina y América. Tiene que recordar todo lo relacionado con el Origen, tienen que ¡despertar al despertar!

Roma Eterna.
VVV

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